jueves, 4 de junio de 2026

Marina, de Carlos Ruiz Zafón

Libro del libro de Marina de Carlos Ruiz Zafón. Se ve la portada y unos posits amarillos y naranjas. Está sobre una superficie de madera.

Han pasado más de diez años desde la última vez que leí a Carlos Ruiz Zafón. Creo que volver a hacerlo con Marina, libro publicado originalmente por Grupo Edebé en 1999 y reeditado por Editorial Planeta y su sello editorial Booket en años posteriores, ha sido algo maravilloso.

Lo primero que me llamó la atención de Marina fue la prosa envolvente de sus páginas. Tiene descripciones preciosas que hacen que el lector se meta de lleno en las calles de Barcelona de 1980 y se deje llevar por su ambiente gótico y misterioso. No había ni terminado la introducción previa al primer capítulo y ya estaba atrapada. Aunque he de decir que a veces las descripciones se me hacían pesadas y no lograba ver bien lo que decían. Creo que esto se debe a un exceso de adjetivos y metáforas que, si bien hacían que el texto sonara muy bonito, enturbiaban la imagen que se estaba creando.

Me sorprendió mucho la presencia de tantos elementos góticos en la novela. No solo ayudan a construir el ambiente, sino que además traen consigo ciertos temas que aparecen en clásicos de la literatura gótica, en libros como: Grandes esperanzas de Charles Dickens, El fantasma de la ópera de Gaston Leroux o Frankenstein de Mary W. Shelley. De hecho, creo que este último libro ha tenido una gran influencia en Marina, tanto que casi podría decirse que Marina es una reinterpretación de Frankenstein. Aquí también está presente el conflicto del poder del hombre y el de la naturaleza y Dios, así como la ambición, la venganza y la muerte.

También hay algunas cosas que no me han terminado de gustar. En Marina hay dos historias: una que gira en torno a los protagonistas y otra que involucra a los personajes de un misterio que los protagonistas intentan resolver. Ambas me han parecido bastante interesantes, aunque me han dejado queriendo algo más. Esperaba que hubiera alguna conexión entre ellas, en el pasado o en el futuro, pero no es así. No hay nada que las relacione y, desde mi punto de vista, eso hace que la trama se quede un poco en la superficie, flotando a la deriva.

Aun así, la llorera de los últimos cuatro capítulos no me la quita nadie. Como dijo Óscar Drai: «Marina, te llevaste todas las respuestas contigo».

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