martes, 21 de abril de 2026

Frankenstein, de Mary Wollstonecraft Shelley

 

Foto de la portada de Frankenstein de Mary Shelley. Es morada y tiene dibujos de rayos negros. La foto está echada ampliada, de manera que no se ve el libro completo. Debajo del título hay dos flores de jazmín.



Frankenstein es el primer clásico que leo de este estilo en años. Y qué forma tan bonita de volver a hacerlo.

No creo que esta reseña aporte algo que no se haya dicho ya sobre el libro que escribió Mary W. Shelley en el verano de 1816. La idea le vino a través de un sueño en el que vio cómo daban vida a una espantosa criatura mediante una máquina, sueño que estuvo influenciado por las conversaciones que lord Byron y Percy Shelley tenían sobre la naturaleza del principio de la vida, en las que Mary estaba presente y escuchaba atentamente.

He de decir que lo primero que me sorprendió del libro fue la cantidad de temas que tiene para lo corto que es: familia, sociedad y soledad, romanticismo y naturaleza, poder y control, venganza, prejuicios, ambición y falibilidad... ¿Cómo puede caber tanto en tan poco? Me pareció realmente interesante.

Al principio me sentí muy identificada con Victor Frankenstein, creo que por su ambición y su frenesí para crear a la criatura. Me recordó a la locura de un artista cuando está metido de lleno en su trabajo: la aislación del mundo para continuar con su proyecto, la ilusión de conseguirlo y el vacío de después, cuando lo consigue y no queda satisfecho con el resultado. La derrota, la decepción y, en el caso de Frankenstein, el miedo. ¡Un artista asustado de su arte! ¿O asustado de su capacidad, de tener más poder que la naturaleza y el propio Dios?

Ilustración en blanco y negro de la escena en la que Frankenstein se despierta con la criatura mirándole. Se ve a Frankenstein tumbado en la cama de espaldas, sobresaltado y medio levantado y a la criatura de pie, mirándole mientras aparta una cortina a un lado.
De cualquier manera, Frankenstein repudia a Valentino (es el nombre que mi mejor amiga, con quien leí el libro, y yo le pusimos a la criatura; que no tenga nombre hace que no te quede más remedio que referirte a él con términos denigrantes como 
«el monstruo» y, en esta novela, ¿quién es verdaderamente el monstruo?). La historia de Valentino es una tragedia. Refleja a la perfección los prejuicios que se tienen hacia la apariencia de otros y cómo la sociedad corrompe la inocencia que todos tenemos al llegar al mundo. La soledad absoluta en la que el personaje se ve forzado a estar me ha llenado de desesperación y dolor.

Como siempre, me ha encantado la presencia del romanticismo y la manera en que influye en las emociones de los personajes. Llega a ser hasta un presagio de las desgracias que están por ocurrir o de la tristeza que ocupará el corazón de nuestro narrador, que, por cierto, es muy particular. Aunque se centra en la primera persona, no hay que olvidar que se trata de una carta que cuenta un relato y otro relato (me gustó mucho tener la perspectiva de Valentino también).

Para terminar, añado algunos fragmentos de la reseña de mi mejor amiga, ya que, como he dicho antes, leí el libro con ella y le ha gustado muchísimo:

«Lo primero que le dije a Miriam según lo terminé fue que quería volver a leerlo de inmediato y marcar cosas.
Frankenstein me ha parecido un personaje muy interesante, me ha causado sentimientos encontrados por su trato hacia la criatura, pero también he podido entender su miedo por la situación de haber creado vida de la muerte, algo que, por mucha ambición y estudios que tuviera, era prácticamente imposible de conseguir. Hasta que él lo logra. 
La criatura ha sido mi absoluto favorito. Hacía tiempo que leer la situación de un personaje no me causaba el nivel de tristeza, impotencia y rabia que he sentido leyendo su punto de vista. Me ha hecho preguntarme si la criatura, de haber sido más guapa, hubiera recibido un mejor trato (lo que ahora se llama pretty privilege). Para mí, el verdadero monstruo es la sociedad y cómo prejuzgamos sin conocer por la apariencia, llegando a repudiar lo que no nos encaja. 
El tener una traducción del manuscrito directo de Mary Shelley, sin ningún cambio ni censura, me emociona de una forma que no puedo explicar ni sé muy bien el por qué, pero me hace sentir más conectada a la escritora y a la criatura misma. No sé si ha derrocado a mujercitas como mi clásico favorito, pero sé que ahora comparten podio».

RESUMEN