Cuando una amiga leyó uno de mis libros favoritos, me dijo una de las cosas más bonitas que me han dicho jamás: «Te veo reflejada en ellos. Empiezo a conocerte en ellos». Así que así es como voy a empezar este blog literario: presentándome a través de mis libros favoritos.
Soy Miriam y me encanta leer. Es difícil, a veces, hacer una clasificación de los libros que más te han gustado, porque ¿cuál se quedará atrás? ¿Cuál no voy a mencionar? Sin embargo, en mi caso y a día de hoy, me atrevería a decir que hay seis que, por una razón u otra, guardan un sitio especial en mi corazón.
Princesa mecánica, de Cassandra Clare
No sería la persona que soy hoy sin los libros de Cassandra Clare. Y, aunque le tengo un gran cariño a la saga principal, fue la primera precuela, Cazadores de sombras: Los orígenes (especialmente el último libro: Princesa mecánica) lo que marcó un antes y un después en mi vida. Ambientada en la época victoriana, con numerosas referencias a la literatura clásica del momento, personajes complejos e historias tristes, era difícil que no me hipnotizara; tiene todo lo que me gusta y todo lo que, entonces, no sabía que me gustaba (sí, Will Herondale, estoy hablando de ti).
Cumbres borrascosas, de Emily Brontë
A la edad de diecisiete años abrí este libro con inocencia, esperando encontrar una gran historia de amor... y fui tremendamente engañada. Encontré algo de amor, pero sobre todo celos y venganza, lucha de clases sociales y racismo, masculinidad y feminidad, abusos, violencia y cosas sobrenaturales. Se me cayó la mandíbula al suelo y la recogí con la poca compostura que me quedaba después de leer esta obra de arte. Desde entonces, estoy enamorada del gótico en la literatura, con todo lo que eso implica. Y de las hermanas Brontë. Y de los clásicos.
Hamlet, de William Shakespeare
La verdad, Hamlet me conquistó por la locura real o fingida del propio Hamlet. La forma en la que tergiversaba todo lo que decía, la forma en la que sus palabras no tenían sentido ninguno, ¡pero lo tenían! Llegué a temer y a amar cada momento en el que abría la boca. Luego llegó Ofelia y su tragedia. Ofelia y su duelo, su locura e inteligencia. Porque el poder de Ofelia reside principalmente en las palabras, en el lenguaje figurado. Toda su historia hizo que yo me volviera loca.
La canción de Aquiles, de Madeline Miller
No hay palabras para expresar lo que este libro me hizo sentir. Recuerdo lo rápido que me latía el corazón mientras lo hacía y la forma en la que se me llenaban los ojos de lágrimas con casi cada frase, porque Madeline Miller tiene una pluma preciosa, muy delicada y cautivadora. Eso fue lo que me atrapó, eso y Patroclo, de quien tengo hasta una frase tatuada. Fue un libro que me devolvió a la vida y que luego me la quitó porque, sorpresa, es muy triste. Pero ¿a quién no le gusta que un libro le rompa el corazón?
Retrato del artista adolescente, de James Joyce
Por suerte o por desgracia, fue el primer libro que tuve que leer en la carrera. Digo desgracia porque el profesor me dio una palmadita en el hombro y me tiró al mundo y la escritura de Joyce sin nada con lo que poder defenderme. Digo suerte porque leerlo, aunque duro y difícil, fue un viaje increíble. James Joyce se convirtió en uno de mis escritores favoritos (solo diré: ¡su mente y lo bonito que escribe!) y Stephen Dedalus en un personaje en el que pienso más de lo que podéis imaginaros.
Los juegos del hambre: En llamas, de Suzanne Collins
Leer ha formado parte de mi vida desde que tengo uso de razón, pero Los juegos del hambre fueron los primeros libros que leí con más consciencia de lo que hacía. Nunca hasta entonces había sido tan fan de un libro mientras lo leía (e iba a ver las adaptaciones a la gran pantalla). Desde ese momento, la lectura y yo hemos sido inseparables. Es por eso que los tengo un cariño especial, sobre todo al segundo, ya que es mi favorito de la trilogía.

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